Dobermann, un amigo fiel

El primer perro que tuve de pequeña, cuando tenía apenas seis años, fue un perro Dobermann de uno de los compañeros de mi padre que trabajaba al lado de su taller ya que tenía una pareja y le criaban muchos (recuerdo que nos solíamos ocupar de los cachorros porque daba a luz entre 11 y 12 cachorros).

Ese perro para mí fue el más especial, quizás por ser el primero, y era tan grande como yo en esa época. Muchos decían que un dobermann era un peligro porque de siempre se ha dicho que eran una de las razas más peligrosas que había sin embargo a mí nunca me hacía nada, de hecho podía salir con la bicicleta sola con el perro porque él cuidaba de mí y no permitía que ningún extraño se me acercara, bajo ataque de verdad.

No simplemente eso, es capaz, cuando se encariña con una sola persona, de protegerla de todo y de todos. Eso quería decir que, si mi padre o mi madre me levantaban la voz, el perro acudía directamente a mí, se posicionaba delante y gruñía en un aviso para dejarles claro lo que pasaría si seguían con ese comportamiento.

Así son los dobermann, son perros que suelen fijarse en una sola persona defendiéndola incluso de su propia familia pero, también, de todo lo que sea extraño o amenazante para ellos.

Son muy fieles y casi nunca abandonan el lado de su dueño quedándose vigilantes. Se dice también que son peligrosos y pueden atacar a la familia pero hay que ver el motivo de ese ataque porque, quizás, haya sido porque han podido ver amenazado al que ellos consideran la persona más importante y a la que más quieren.

Por supuesto, esto no quita que sigue siendo una de las razas estipuladas como raza peligrosa.

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