Cuando tu mascota “hace cosas raras”: la ciencia detrás de 10 conductas que desconciertan (y cuándo preocuparse)

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Silvia Pastor

Quien convive con un perro o un gato lo reconoce al instante: hay gestos cotidianos que parecen chistes privados del reino animal. Un gato que amasa una manta como si estuviera preparando pan; un perro que, de repente, sale disparado por el pasillo como un atleta olímpico; o esa costumbre tan incómoda —y tan frecuente— de olfatear “zonas poco nobles” justo cuando hay visita.

Detrás de esa colección de escenas virales hay, casi siempre, una explicación científica. Y también una idea de fondo que los veterinarios y especialistas en comportamiento repiten con insistencia: muchas de estas conductas son normales, pero algunas, si se vuelven intensas o persistentes, pueden ser una señal de estrés, falta de estímulo o incluso un problema de salud.

Amasar mantas: el eco de la lactancia (y el confort adulto)

En gatos, amasar con las patas delanteras es uno de los comportamientos mejor estudiados. Suele relacionarse con la etapa de cachorro, cuando ese movimiento sirve para estimular la salida de leche durante la lactancia. En la vida adulta puede reaparecer como conducta de autorregulación: una forma de buscar calma, asociada a superficies blandas y seguras. Algunas fuentes veterinarias apuntan también a que puede ser un “preparado” de cama, un gesto heredado de los felinos salvajes antes de dormir.

Perseguirse la cola: juego… o un semáforo en ámbar

En perros jóvenes, perseguirse la cola suele ser un juego exploratorio: descubren un “objeto” que se mueve y lo convierten en entretenimiento. El matiz está en el “cómo” y en el “cuánto”: si la conducta se vuelve repetitiva, prolongada o difícil de interrumpir, algunos especialistas la asocian a aburrimiento, ansiedad o molestias físicas (por ejemplo, en la zona de la base de la cola). En esos casos, el gesto deja de ser una gracieta y pasa a ser un indicador a vigilar.

Los “zoomies”: carreras locas con nombre técnico

Lo que parece un ataque de energía sin sentido —correr en círculos, frenazos imposibles, saltos y derrapes— tiene incluso etiqueta: FRAPs (Frenetic Random Activity Periods). La idea es simple: una descarga breve de energía acumulada. Se ve con frecuencia tras el baño, al llegar a casa, o después de periodos de espera. En general se considera un comportamiento normal, especialmente en cachorros, siempre que ocurra en un entorno seguro y no derive en golpes o caídas.

Dormir en posiciones imposibles: termómetro de seguridad y temperatura

Dormir panza arriba, con las patas estiradas o enroscado como un ovillo suele tener una lógica práctica. Panza arriba suele interpretarse como señal de seguridad (exponer el abdomen es “bajar la guardia”), mientras que enroscarse ayuda a conservar calor. La postura, por sí sola, no diagnostica nada, pero sí aporta pistas sobre el nivel de confort y el entorno (temperatura, ruido, tranquilidad).

Comer hierba: no siempre es “para vomitar”

La escena se repite: el perro se convierte en rumiante por un momento y mordisquea hierba con entusiasmo. Durante años se ha popularizado la idea de que lo hace para provocarse el vómito, pero las explicaciones actuales son más amplias: curiosidad, gusto por la textura, aburrimiento o necesidad de más fibra en la dieta. El American Kennel Club señala que puede ser una forma de añadir fibra y ayudar al tránsito digestivo; y otros análisis recuerdan que es una conducta relativamente común en perros sin que exista necesariamente un problema médico detrás. Si el consumo es compulsivo o va acompañado de malestar, ahí sí conviene consultar.

Traer “regalitos”: compartir recursos… aunque el humano discrepe

Calcetines, juguetes o hallazgos del jardín: muchos perros llevan objetos a sus dueños como forma de interacción social. En gatos, cuando el “regalo” es una presa, la explicación suele apuntar al instinto de caza y a un comportamiento de “aportación” al grupo. Para el animal, no es una provocación; es una lógica ancestral chocando con la vida moderna.

La obsesión felina por las cajas: un refugio que reduce el estrés

Pocas cosas compiten con una caja de cartón. La preferencia no es solo capricho: la caja funciona como escondite, reduce estímulos y crea un espacio controlable. Un estudio liderado por Claudia M. Vinke (Universidad de Utrecht) observó que proporcionar cajas a gatos recién llegados a un refugio ayudaba a reducir el estrés y a mejorar la adaptación en las primeras semanas. En términos domésticos, el mensaje es claro: ofrecer refugios y lugares altos o cerrados es “higiene ambiental” para muchos felinos.

Perseguir luces y sombras: caza en modo láser

Luces y sombras activan el patrón de caza: algo pequeño, rápido e impredecible. El juego puede ser normal, pero algunos especialistas recomiendan cerrar el ciclo con un juguete “atrapable” o una recompensa, para evitar frustración si el animal solo persigue estímulos imposibles de capturar.

Lamer la cara o las manos: afecto, calma y comunicación

En perros, lamer suele vincularse a afiliación social, búsqueda de atención o intento de calmar situaciones. En gatos es menos frecuente, pero el acicalamiento social existe: lamer puede equivaler a “eres de los míos”. Si el lamido se vuelve compulsivo, también puede estar asociado a estrés o ansiedad.

Oler zonas íntimas: un “informe químico” en tiempo real

El olfato es el gran canal de información para muchos animales. Lo que al humano le incomoda, para el perro es una lectura de datos: hormonas, estado de ánimo, dieta, identidad. En clave de convivencia, la solución pasa por educación y manejo (señales de llamada, refuerzo positivo, evitar situaciones comprometidas) más que por castigo.

El matiz importante: cuándo la rareza deja de ser graciosa

La mayoría de estas conductas son parte de un repertorio normal. La línea roja suele aparecer cuando hay repetición intensa, pérdida de control, cambios bruscos de carácter, signos físicos (dolor, vómitos frecuentes, diarrea, heridas) o cuando el animal deja de hacer cosas que antes disfrutaba. En esos casos, la recomendación general es doble: revisar el nivel de ejercicio y estimulación mental, y consultar con un veterinario o un especialista en comportamiento.


Preguntas frecuentes

¿Por qué mi perro tiene “zoomies” por la noche y corre como loco por casa?
Suelen ser FRAPs: descargas breves de energía acumulada. Si ocurren muy a menudo o con señales de estrés, conviene revisar rutinas de paseo, juego y estimulación mental.

¿Es normal que mi perro coma hierba todos los días?
Puede ser normal, pero si es diario y persistente conviene vigilar: puede apuntar a aburrimiento, búsqueda de fibra o malestar digestivo. Si hay vómitos recurrentes o apatía, es mejor consultarlo.

¿De verdad las cajas ayudan a los gatos a reducir estrés en casa?
Sí: ofrecer escondites puede favorecer la adaptación y reducir el estrés, especialmente en cambios (mudanzas, llegada de otro animal, visitas). Hay evidencia en entornos de refugio que respalda este efecto.

¿Cuándo perseguirse la cola deja de ser un juego y se convierte en un problema?
Cuando la conducta es repetitiva, prolongada, difícil de interrumpir o aparece junto a ansiedad, aburrimiento o signos de dolor. En esos casos, es recomendable una revisión veterinaria y ajustar el manejo diario.